Finalistas del primer concurso de "El nuevo Lector"

22:18

¡Welcome,Welcome! 
Okey no.
¿Recuerdan cuando apenas eramos unos... 5 miembros en el blog?
Ahora somos como 35.
Una semana paso nada más.
¿No es increíble?
¿Recuerdan ese concurso que había echo? después de un par de modificaciones en las reglas, al fin esta terminado. Y ya tenemos a los finalistas :)
¿Empezamos?
¡Let's Go!

Esta historia está inspirada en La Bella y la Bestia. De Huani Mei

 Vanessa caminaba presurosamente por el pasillo principal hacia la sala de juntas. Debía llegar antes de la hora habitual para organizar la presentación de su proyecto. Un hotel totalmente ecológico en la ciudad de Nueva York. Parecía una locura, quizás lo era. Pero ella se caracterizaba por ese tipo de ideas que nadie más se atrevería a Vanessa caminaba presurosamente por el pasillo principal hacia la sala de juntas. Debía llegar antes de la hora habitual para organizar la presentación de su proyecto. Un hotel totalmente ecológico en la ciudad de Nueva York. Parecía una locura, quizás lo era. Pero ella se caracterizaba por ese tipo de ideas que nadie más se atrevería a proponer. Una vez que llegó a su destino se dispuso a preparar todo. Encendió la laptop y la pantalla de plasma. Colocó carpetas con el estimado del presupuesto, los costos que generaría, el tiempo de recuperación en la inversión. Incluso un estudio de mercado sobre la aceptación de tal proyecto. Una hora después daba inicio la junta con los principales accionistas y el representante legal del director de la empresa. Cuando Vanessa finalizó la presentación, elevó la vista y observó a los presentes, presintió que no aceptarían el proyecto. La expresión en sus rostros le indicaba aquello. Anson Chang se incorporó de su silla mientras decía __como representante del señor Lang, en el consejo directivo, le informo que su pr Un año y medio había transcurrido. Vanessa se encontraba en Taiwán. Fue asignada como encargada de un proyecto importante. __ Este hotel será el mejor del área _decía Mirabelle, la organizadora de la fiesta inaugural. George Hong revisaba el informe que Vanessa le había enviado minutos antes. Elevó la vista hacia el monitor que tenía frente a él. __El hotel fue concluido en tiempo record __dijo algo sorprendido Su interlocutor mantenía el rostro inexpresivo. __¿La apertura se realizará la próxima semana? __inquirió este, sin darle demasiada importancia Hong respondió de manera afirmativa con un movimiento de cabeza. Dudó un poco y finalmente se armó de valor antes de hablar __Señor, la señorita Liu sería de gran utilidad si permaneciera en el país. En la sucursal de América no han apreciado su talento. Alexander Lang, director y único heredero de Construcciones Lang, consideró la propuesta. En efecto, Vanessa tenía talento, su visión para los negocios era única. El diseño del hotel, y la decoración del mismo, fueron en gran parte obra de ella. Sin embargo no acostumbraba fiarse por la primer impresión. __Si es tan brillante como aseguras __respondió Lang__ la quiero como mi colaboradora directa y sabes bien lo que significa. Hong asintió respondiendo __me encargaré personalmente de su transferencia a la oficina central de Taipéi. En esos días Vanessa recibió la mejor oferta de trabajo que podría ambicionar. El propio Alexander Lang, el arquitecto más importante de Taiwán, le solicitaba permanecer en Taipéi como su asistente para un nuevo proyecto, un desarrollo turístico en Hong Kong. Eso significaba que su trabajo lo había impresionado. Le habían dado un corto plazo para que decidiera, si aceptaba debía presentarse en la inauguración del hotel ecológico. Como era de esperarse, Vanessa asistió. Una oportunidad así era difícil de rechazar. Toda la atención estaba concentrada en ella, parecía una princesa de cuento con su hermoso vestido. Lo que a ella le parecía algo extraño, era la ausencia de Lang. Se acercó a uno de los enormes cristales que fungían como pared para el salón de eventos. La luz de luna estaba particularmente brillante __Hermosa luna llena ¿no lo cree? __dijo un hombre a sus espaldas Ella dio media vuelta para encontrarse con Byron Hu, un joven arquitecto, ex empleado de Construcciones Lang. Vanessa se sintió algo intimidada ante su presencia. Sus ojos oscuros no dejaban de observarla, parecía como si la analizara, como si intentase adivinar sus pensamientos. Anson Hong apareció en el momento justo, se llevó consigo a la joven: pretextando algo sobre la decoración. Una vez que estuvieron a distancia considerable de Byron, Hong le advirtió que tuviese cuidado con él. También le informó al día siguiente la instalarían en el Castillo. __¿en el castillo? __inquirió ella con extrañeza __La mansión Lang, así le llaman por su estilo arquitectonico __respondió Hong. Vanessa ya no indagó más. Tenía curiosidad por conocer al famoso Alexander Lang. Se decía que era un hombre bastante excéntrico y misterioso. Ella quería corroborarlo por si misma Al día siguiente, después del almuerzo, un chofer fue por ella para trasladarla hacia la mansión. El trayecto duró un par de horas. Cuando el conductor detuvo la marcha y le abrió la portezuela, ella quedó maravillada al ver lo majestuoso de la construcción. A simple vista el estilo estaba inspirado en la época medieval. El interior era mucho más imponente, tenía un decorado sobrio y exquisito. Una figura masculina se observaba al pie de la escalera. __señorita Liu en cuanto se instale la espero en el estudio. Estoy desarrollando un proyecto para la compañía establecida en Hong Kong, requiero de su colaboración __pronunció Alexander en un __señorita Liu en cuanto se instale la espero en el estudio. Estoy desarrollando un proyecto para la compañía establecida en Hong Kong, requiero de su colaboración __pronunció Alexander en un tono frío. __Si señor __respondió Vanessa. Alexander Lang le parecía aún más intimidante que Byron Hu. El ama de llaves la guío a la joven hasta su habitación. En cuanto se instaló bajó las escaleras y se encaminó hacia el lugar indicado. El lugar estaba vacío. Unos planos descansaban sobre el amplio escritorio de caoba, ella se acercó había una pequeña nota “señorita Liu, comience con el diseño, en la pc encontrará los planos en versión 3d” Vanessa pasó el resto de la tarde trabajando, no se percató de la hora hasta que el ama de llaves la llamó a cenar al tiempo que le advertía __por ningún motivo salga de la casa al anochecer, en especial los días de luna llena como este. Aquello le extrañó pero no hizo comentario alguno. Ya habían transcurrido dos meses y todos los días eran así. Alexander Lang parecía estar ausente la mayor parte del tiempo. Siempre dejaba pequeñas notas o mensajes a través del ama de llaves. Ese día había hecho demasiado calor, Vanessa no lograba conciliar el sueño. Salió Salió de su habitación, bajó las escaleras y recorrió el primer piso. Encontró una puerta abierta por la cual salió. Necesitaba aire fresco y la noche invitaba a caminar bajo los rayos de la luna. — Martes 10:30 Un fuerte gruñido le hizo tmblar de la cabeza a los pies. El miedo se apoderó tan rápido de su cuerpo que pareció congelarse. una enorme bestia de pelaje negro avanzaba hacia ella mostrando sus afilados colmillos. "Este es el fin" pensó Vannessa mientras la horrible bestia se lanzaba hacia ella. Sintió un dolor profundo, todo se oscurecio en la primera parte que envié me faltó una parte. Hoy lo termino. Mi internet se puso loco ayer 10:43 Vannesa despertó alterada dando un grito de horror. Observó a todos lados, finalmente se detuvo en el marco de la puerta. Alexander Lang la obrerva fijamente, sus labios formaban una línea dura, apenas avanzó dejó escuchar su voz de trueno __señorita Liu me parece haber dejado claro que no debía salir por la noche__

Mi embriago a la distancia De Sascha Cortés
Mi embriago a la distancia
Todo empezó con una conversación normal por un chat de una red social y termino en el dolor más grande, el callar todo eso que ella sentía por alguien, que no conocía en persona y tal vez que nunca lo haría, o aun peor esta persona la rechazaría, ya que eso que ella sentía estaba mal visto por la sociedad. Y aun así no pudo evitar ilusionarse, y empezó un juego  que sabía que podía terminar bastante mal. Un silencio que no podía aguantar demasiado, un sentimiento bastante absurdo y una persona que quiere sin conocer en la vida real.
Nunca pensé que una persona se podría meter tanto en tu corazón en tan poco tiempo y solo hablando con ella por chat. Pues si esta es mi historia, un poco cruel y sin un final de cuento de hadas, porque de verdad cuando uno se enamora sufre más de lo que piensa. Me llamo Sara Stuart, vivo siempre en un mundo que no es para nada la realidad, soy de esas que vive en sus pensamientos e imaginación (y no, no pienses que me drogo, aunque puede que muchos lo hagan, mi cuerpo está libre de drogas). Describirme, no sé cómo hacerlo, veme como una más del montón, una chica “relativamente normal” que quiere vivir la vida, pero esta es algo complicada por así decirlo, no entrare en detalles, porque eso es otra historia, que no viene al caso en esta.
Empecemos por donde siempre se comienza y eso es más que obvio, que por el principio ¿no? (si sé que es bastante redundante, pero es lógico). No es en un día lluvioso, donde me encontré con esa persona que cambiaría mi forma de ver las cosas, tan poco fue en ningún parque o escuela, pues lo más natural fuera que viera a esa persona entrar algún lugar o tropezarme con ella, así cuando la mirara me enamoraría (siii… Claro, como en algún libro, novela o película súper romántica). Puff puras tonterías, nada de eso me pasó a mí.
Dicen que cuando uno se enamora solo pasa, en cierto sentido tienen razón, en otro nadie te advierte las consecuencias que puede traer eso, lamentablemente el corazón no distingue, no razona, cuando esto pasa, solo se impregna de eso tan letal que es enamorarse. Si lo sé, estoy siendo muy cruel, estoy casi diciendo que el amor es una mierda, pero tal vez lo sea, pues… Mejor no generalizo, tal vez querido lector, tú que estás leyendo estas tonterías, dirás: “O por dios ¿enserio? todos sufrimos por amor, pero algún día nos llega esa persona especial”. Lamento decirte que si llega, que nos vuelve trisas, que trapea el suelo con nosotros, pero que también, cada día que te habla, escribe o lo que sea que haga, te saca una sonrisa, te alegra y por sobre todo eso te hace sentir de lo mejor. Y lo peor de todo esto, no es enamorarte, sino enamorarte de la persona equivocada.
Y ya que… Empezamos por cuanto duele el amor, te explicare como fue ese día. Un día más o menos, en realidad no sé, era otro día del montón, de esos aburridos que no sabes que hacer, de esos que estas en una red social, viendo como matas el tiempo, exacto de esos, donde te atreves agregar alguien a tus contactos y hablar, porque no sabes que hablar con los contactos que ya tienes, bueno sí, de esos donde te arriesgas a conocer gente nueva. Y sí, aquí comienza todo. Yo agregando alguien para conversar de un de los tantos grupos de esta red social, conversando con esta persona, me di cuenta de algo muy raro, que las palabras salían solas (si, ya se, dirás: “eso es normal estabas aburrida”. yo también lo tome así), no le di importancia, además como siempre se me da simpatizar con la gente, a pesar de andar en otro mundo. Seguí chateando con esta persona, de verdad que fue una conversación muy interesante, pero llego la hora de descansar, nos despedimos y me fui.
Al otro día, otro día de ocio, sin hacer nada (si, tenía demasiado tiempo libre en aquel momento), volví a ver a esta persona conectada, y sin más que hacer le volví hablar. Creo que esta vez hablamos más tiempo y de todo un poco. Como vivíamos en el mismo país, pero lamentablemente en diferentes regiones, hasta hablamos por lo que estaba pasando nuestro país en ese momento y de alguna que otra cosa más. Creo que estábamos haciendo demasiada empatía, y justamente al día siguiente me tenía que ir de viaje, así que me despedí y le dije que volvería hablarle dentro de una semana, que era cuando regresaría.
Bueno, todo fue súper en el viaje y cuando podía, una que otras veces me conectaba, en una de esas tantas conexiones para chatear, hable con esta persona, al parecer estaba un poco mal, dudaba de un talento inigualable que tenía, y yo de verdad, no sé porque, pero tengo esa mala costumbre de animar a la gente o motivarla, para que siga adelante. Así que nos pusimos halagarnos mutuamente (y aquí fue donde sucedió), no sé, si era porque eran demasiados halagos o había algo más, pero me empezaba agradar el asunto de chatear con esta persona todos los días.
Si lo sé, quieren saber quién era esta persona, que con solo verla conectada, me sacaba una sonrisa por muy triste que estuviera. Pero no sé si lo aceptaran, no sé si la sociedad lo acepte (así que creo, querido lector, que por todas las pistas que te he dado, sabes de que te hablo, si era una chica), y por muy triste que se vea, no sé si ella también aceptaría lo que estaba sintiendo. Triste realidad, volvamos a esta historia que como pueden ver no va nada bien.
Así fue que cuando volví a mi amada casa, de nuevo a la rutina, de nuevo al ocio (aun tenia demasiado tiempo libre), pues ya mi corazón empezaba a latir un poco más de lo normal cuando ella se conectaba. Sé que se estarán preguntando: “¿Eres lesbiana?”. No, no lo soy, ni pensaba que podría serlo, hasta ese momento, todo fue así, tan de repente, que dude mucho, pero cuando digo mucho es mucho, de mis gustos, pero como lo dije en un principio uno no sabe de quien el corazón se pueda enamorar (por lo cual prefiero decir que soy bisexual). Y ahora viene, donde empiezas hacer conjeturas y dirás que estoy loca, que llevaba muy poco tiempo conociéndola, que eso no era amor, que era un capricho y entre otras cosas más. En realidad, entiendo que pienses así, yo también lo pensé, hasta me juzgue, dure varios días sin dormir bien, pensando que esto que sentía por ella estaba mal, que solo estaba confundida. Pero cada vez hablaba más con ella, mientras esto pasaba, mi corazón latía más fuerte y mi cerebro se hacía consiente de lo que sentía, de lo que en verdad sentía. Un lindo y puro AMOR.
De verdad no sé qué me pasaba, llevaba varios días sin hablar con ella, me sentía muy vacía y triste, se nota que me hace falta. Sé que días difíciles se acercaban, sé que no podría hablar con ella por mucho tiempo aunque yo quisiera. Tenía que entender que ella tiene una vida y yo también. Es triste pero la dejaría ir, creí que lo mejor era olvidarla y ya. En ese momento me pregunte: ¿Sera que podre hacerlo? ¿Sera que la olvidare?  ¿Qué me pasa? Hay me fastidia pensar de ese modo porque a mi corazón le duele, necesito urgentemente ir a un psicólogo creo... Tengo solo una palabra que decir NO PUEDO, es enserio no puedo, solo simplemente decirle a mi corazón déjala de querer, no puedo, es difícil, lo sabía, pero pensé que podía, quiero verla sonreír, reír de mis tonterías y decirme que está bien, que todo lo que ella se proponga le vaya bien. No sabes lo que la quiero, creo que tal vez si lo sepas, quizás sepas más que yo, aunque lo que ahora me importa es estar ahí para ella.Sé que las palabras que salen de mí son demasiado cursis, hasta pueden llegar hacer obsesivas, pero en realidad, yo quería lo mejor para ella, y siempre lo quise así, por encima de lo que yo sentía, estaba su felicidad, que era la mía. 
Aunque usted querido lector no lo crea, me torture 2 años, hablaba con ella cuando podía, ya éramos tan “amigas” (aunque yo quería ser algo mas), nos intercambiamos los números, nos enviábamos mensajes y llegamos hablar por teléfono. Me acuerdo de ese día, era muy especial para ella, ya que estaba dentro de un concurso, que le ayudaría a fijar su carrera, estaba muy nerviosa, yo justo esos días estaba en exámenes de la universidad y solo le había hablado en la mañana para desearle muchos éxitos y darle ánimo, ella por supuesto también me mando buena vibra para mis exámenes, quedamos en hablar más tarde para contarnos como nos había ido. Me acuerdo que le escribí apenas salí de mi última clase y ella no me respondió, me preocupe un poco pero sabía que por su talento le iba a ir bien, así que me hice a la idea de que estaba ocupada. Ya un poco tarde, en la noche recibí un mensaje de ella preguntándome que si me podía llamar, yo me quedé sorprendida y a la vez un poco preocupada, si la escuchaba mal, me dolería no poder estar a su lado para apoyarla, igual le dije que me llamara y así lo hizo, el solo escuchar preguntar por mí con esa voz tímida, me enterneció y me puso un poco nerviosa. Ella me conto como le había ido, lo mejor de todo era escucharla súper entusiasmada, porque le había ido de maravilla y eso hizo que me alegrara demasiado, claro ella me pregunto cómo me había ido, le comente que también me fue excelente y duramos hablando un rato, hasta que escuche su voz algo cansada, además que yo también lo estaba, nos despedimos y me prometió llamarme de nuevo otro día.
Como pasa el tiempo, entre mensajes de texto, chat en la red social y llamadas, nos íbamos haciendo cada vez más cercanas y yo sufría a un más en el silencio, ese donde yo la hacía reír y sentirse mejor, donde yo me sentía bien si ella lo estaba, si ese donde querido lector tú crees que me estaba hundiendo y es que en realidad lo hacía, ya que yo sabía que había una fecha tope donde quizás la perdería, porque se iría lejos, a pesar de que ella me prometía que estaríamos en contacto, yo y mi corazón muy bien sabía que se alejaría completamente. Pero como el destino es algo serio, les diré algo que tal vez los alegre, me prometí ahorrar para ir a verla, a visitarla donde ella vivía, hablar con ella en persona y a lo mejor a enfrentar mis sentimientos y decirle todo lo que sentía. Pude reunir poco a poco lo que necesitaba para irla a ver, así que me decidí a contarle mi plan para irla a conocer, le mande un mensaje diciéndole, que la llamaría para contarle algo muy importante, ella me dijo que también me quería comentar algo, lo que yo no sabía era, que lo que ella me iba a comentar cambiaria mis planes completamente.
Me acuerdo de esa llamada como si hubiera pasado hace instantes, ella me hablaba de lo maravilloso que le ha ido, de las oportunidades y los sueños que se le estaban realizando, y me pregunto por lo que yo le tenía que decir, pero antes me dijo algo que me dejo helada, se iría dentro de una  semana a estudiar fuera como ella me lo había planteado antes, eso me dejo en silencio por unos minutos que creo que fueron demasiado tensos, ya que ella me pregunto que si no me alegraba, yo con todo el dolor de mi alma, le mentí, diciéndole que me parecía maravilloso. Ella como siempre, me dijo que igual no nos dejaríamos de escribir, pero yo sabía que apenas ella se fuera la perdería por completo.  Sentí  un nudo en la garganta y una grieta en el corazón, me derrumbe con eso que me había dicho y estaba tratando de disimular mi tristeza, creo que ella lo notaba porque me cambio el tema y me pregunto qué era eso tan importante que le iba a decir, yo solo me calle unos segundos para pensar, no sabía que decirle, así que le dije que la llamaría más tarde porque me había salido algo que hacer, apenas colgué la llamada me quede en blanco, tanto fue así que recuerdo solo irme a costar y llorar hasta dormirme.
Los días siguientes a esos fueron los peores, me sentía como si todo se hubiera derrumbado, creo que jugué a entrar en su vida como pudiera, sin importar mi ilusión y mis sentimientos, esos que me decían que ella podía estar a mi lado y que terminaría todo como un cuento de hadas, felices para siempre. Que ilusa estaba, a veces me pregunto porque deje que ese sentimiento me cegara y no dejara actuar la razón, aunque yo se la respuesta a eso solo quería amar, sí, amar sin esperar que esa persona sintiera lo mismo, porque aunque suene cruel y triste a la vez, yo era feliz en cierta forma así, ilusionada.
En esos días tan tristes para mí, ella me escribió por mensaje y al chat, hasta me llamo, pero de verdad no me sentía bien, nada bien, si le hubiera respondido alguna llamada o al menos hubiera intentado escribirle, sabía que no me iba a resistir  y le diría porque estaba así. Para ella, yo estaba molesta, para mí, la dejaba ir, sin ni siquiera intentarlo. Si muchas veces lo pensé, irme a su ciudad y llamarla para que nos viéramos, aunque sea esa única y última vez, pero siempre solo lo pensé y nunca me atreví hacerlo. Saben la perdí, la perdí para siempre, no volvería hablar con ella, jamás, nunca;  Solo llego un mensaje donde ella se despedía y me pedía perdón, donde me decía que me quería mucho, que si alguna vez hizo algo que no me gusto que se disculpaba, no me quería hacerme daño y que fuera feliz, esperaba algún día verme o si quiera saber de mí,  que yo era una persona maravillosa que eso nunca lo olvidara, que a pesar de que se iba a realizar sus sueños, jamás me olvidaría porque era una persona muy importante en su vida, porque siempre estuve ahí cuando me necesito y siempre le di ánimos para seguir, por ultimo me dijo y no olvides siempre sonríe no sabes quién se pueda enamorar de esa hermosa sonrisa. De verdad querido lector si has llegado hasta aquí y no te aburrió esta historia tan irreal e irracional, te diré que hice después de ese último mensaje que recibí de ella (por favor no te molestes, pero creo que fue lo mejor). Ese día a pesar de que eso me termino de desmoronar, hice todo para que no se pudiera a volver a comunicar conmigo, yo no quería que tuviera un mal concepto de mi (aunque creo que estaba haciendo todo lo contrario), la borre de mis contactos tanto en el celular como en la red social, abrí una nueva cuenta en la red social y correo, cambie el teléfono, borre todas las conversaciones y cosas que ella me envió de la computadora. Y a la final intente olvidarla…
¿Por qué siempre amas más de la cuenta a personas que no se interesan en ti? me pregunto la conciencia. No lo sé tal vez me gusta sufrir. Te parece que es justo para tu corazón despedazarlo así. Te parece justo para mí oprimir algo que no puedo controlar. Entiendo, pero deberías dejar de querer tanto a las personas, ya que te terminan lastimando más de lo que crees. Creo que eso no me lo tienes que decir, lamentablemente por experiencia ya lo sé-. Mi conciencia callo, mi corazón sufrió y de mis ojos una lagrima broto…

EPILOGO
Un Carta había llegado a una persona muy especial, que se preguntó que podría ser, solo la abrió y empezó a leer.
>>“Para: Una persona que no he podido olvidar
De: Espero que tú no lo hayas hecho (ya que si me olvidaste esto no tendría sentido)
Hola,
Sé que a lo mejor estés muy ocupada, ya que eres una persona muy famosa y pienses que esta carta sea una más de esas de tus fans, pero a pesar de que si soy fan tuya desde hace mucho tiempo, no es para decirte lo bien que hace tu trabajo, porque creo que es obvio que sabes el maravilloso talento que tienes, solo quiero contarte una historia que tal vez conozcas, no también como yo la he vivido, pero solo empieza con alguien que se enamoró de una persona que no conocía… ”<<
Así ella leyó una historia familiar, algo que la parecía muy conocido, esta persona de verdad que la conocía, dentro del sobre donde venía la carta había recortes de periódico, fotos y artículos de revista de ella y algo que le pareció muy extraño, había otra carta.
>>“Tal vez pienses que es un fan obsesionado, tal vez pienses lo peor de mí, o quizás tal vez sepas quien soy, ya que siempre te hice sonreír, por eso quería que tuvieras todo eso que te había escrito.
·         Duele amar cuando eso es imposible. Duele amar cuando de tu corazón debes sacar y a pesar de que el dolor sea imaginable, porque se ha clavado demasiado en él, lo mejor es dejarlo ir. Esperar a que esa herida cicatrice y volver a sonreír  aunque tu corazón a un llore  no dejes de creer que algún día llegara esa persona especial que llenara ese vació...

·         Cuán difícil es arrancar alguien de tu corazón, cuando sabes que esa persona ni sabe que es lo que sientes, es complicado decir palabras que se prohíben salir de un corazón que llora, por el miedo del rechazo y lo que piensen. Así callar en la oscuridad, llorar en el silencio y escuchar tu latir en tu propio vació, se convierte día a día en un sufrir de dónde quieres salir, para que tu corazón vuelva a sonreír.

·         Me alejare de ti, eso es lo único que puedo hacer para contener todo lo que siento. Este sentimiento que quema cada vez que te veo, me he arrancado el corazón para no poder escuchar tu voz en cada latido y que deje de gritar cuando te quiero. Lo siento pero ya no puedo fingir, que cada sonrisa es porque tu estas ahí, por eso prefiero seguir sin ti, ya que sé que tu no aceptaras mis sentimientos. Te veo, late, lo siento, callo, me duele y muero...

·         ¿Por qué? ¿Si, por qué? ¿Por qué me haces esperarte?  ¿Por qué siento ansias de verte? ¿Por qué siento esto? haces que mi corazón lata más fuerte, haces que me olvide de todo y solo piense en ti, en la hermosura de tu alma, en esos detalles tuyos que me hacen sonreír, porque quiero que sigas ahí, a pesar de que esté sufriendo en silencio, no te quiero perder, si expreso lo que en realidad mi corazón grita por ti.

·         Cobardía quizás se llama esto, pero de verdad no puedo, la sola idea de ya no verte hace que llore mi corazón, sé que el silencio es peor, prefiero callar antes que perderte, porque ahí si me perdería yo. Soy cobarde tal vez, pero creo que es mejor así, porque a veces me pregunto, si de verdad es que te metiste en mi corazón o es un engaño más de mi mente y solo es un capricho quererte.

·         Ya no sé qué hacer, mi corazón late y late cada vez más fuerte por ti, no sé qué pensar, porque jamás había sentido esto por nadie y eso es lo que más dolor me da, sentir esto tan grande y saber que tu no sientes lo mismo por mí. 

·         Esto mata lentamente callar algo que grita dentro de ti, Te amo, me encanta todo de ti, no puedo dejar de pensar en vos y mi corazón por eso retumba en mí.

·         Miedo es poco lo que puedo sentir, es terror o si hay algo peor que eso, creo que lo siento, cada vez que me hablas y en mi mente esta decirte todo lo que siento, lo sé no puedo, aunque quiera con todo mi corazón que sepas el amor tan hermoso que te tengo, prefiero estar ahí para ser tu apoyo y protegerte, aunque eso tenga un precio, que es mi silencio.

·         Ya estoy delirando, ya no sé qué inventar y no sé si esta locura por ti me haga bien, ya que este pobre corazón no creo que resista más, no sé porque ahora y porque de ti, solo sé que mi sentimiento hacia ti quema, desgarra y apuñala mi corazón, duele más de lo que pensaba, amar y a ti es más.

·         Dejare de escribirte, porque tal vez esto no llegue a donde debería, porque no solo quiero que llegue a tus manos sino a tu corazón, y sé que eso es imposible. Tú no me quieres como yo T.T     
Cada uno te los escribí en una etapa donde no sabía cómo callar esto que sentía, aunque me planteé olvidarte no pude, cumplí lo que me dijiste intente ser feliz, hasta tuve una familia hermosa. Me entere que tu estas con alguien, y con tomo mi corazón, porque siempre me importo verte feliz, espero que de verdad lo estés siendo. Sabes, sé que ya es demasiado tarde, a ver enviado todo esto, pero creo que era justo, tenías que saber porque me aleje, todo siempre fue por tu bien, ahora que veo donde estas, que haces lo que te gusta y que estas feliz, no me arrepiento, sé que hice lo correcto. Espero de donde este seguir amándote y protegerte siempre…
Con Amor
Un nuevo ángel que te protegerá

Sara Stuart”.<<
Fronteras de Lucia Medina
CAPITULO 1:
El día estaba  particularmente frio  para esta época del año, así que abotone mi abrigo hasta el último botón,  mire de nuevo mi reloj como si al volver a hacerlo retrocediera el tiempo "8:45 ¡Mierda!" 15 minutos tarde. Acelere el paso haciendo una caminata rápida, cualquiera que me viera pensaría que voy apurada para el baño pero no podía llegar otra vez tarde a mis clases de historia, a el profesor Milton no le gustaban las personas que llegaban tarde e interrumpían su clase, y ya sería con esta la segunda  vez en la semana que yo lo hacía, pero no era mi culpa, no era culpa de mi compañera de cuarto que apagaba el despertador y no me levantaba, y no ayudaba el hecho de que mi edificio fuese el más alejado de la facultad.
En los pasillos del establecimiento todo estaba en silencio, eso no era buena señal, significaba que ya todos estaban en sus respectivas clases, claro todos excepto yo. Me detuve frente a la puerta de la clase del profesor Milton en el aula 42 y toque la puerta, él la abrió, pero no sin una cara de pocos amigos. Sí, tenía que admitirlo, él estaba enojado y yo asustada.
-Otra vez tarde Varruco… -dijo seriamente, sosteniendo un libro entre sus manos
-Yo, lo siento tanto, lo que pasó fue que, yo y bueno el despertador nunca sonó y entonces Britney, ella… -dije, entrando en un ataque de nervios y tartamudeando
El profesor Milton levantó su mano para pedirme que me callara.
-Que sea la última vez… ahora ve a sentarte y al finalizar la clase te quedarás una hora extra…
Abrí la boca para quejarme, pero luego me arrepentí, sabía que iba a empeorar las cosas si discutía sabiendo que él estaba en todos su derecho de castigarme.
Me arrastre hasta el final del aula y me desplome en los últimos asientos, solté un largo suspiro, bueno esa caminata hasta el salón de clases había sido agotadora, y luego ver  al profesor Milton con esa cara de asesino, había sido fatal.
Terminando la clase, permanecí sentada en mi asiento del fondo, los alumnos salieron, y sólo quede yo sola en aquella enorme sala. Estaba enojada, era injusto que me perdiera de la hora del desayuno por culpa de llegar tarde, y lo peor era que ¡Ni siquiera era mi culpa!
Estaba allí sentada, y ya de muy mal humor, cuando el profesor se acercó a mí con una gran cantidad de papeles, una lapicera y un sello entre sus manos, los cuales depositó en mi escritorio.
-Debes ponerle el sello a todas las hojas y luego firmarlas todos en mi nombre, para que quede claro, sólo tienes que escribir "Profesor Milton Backhouse", tiene que estar todo listo para dentro de 30 minutos…
Lo miré atónita y confundida. ¿No era acaso eso trabajo de él? y… ¡Jamás terminaría todo dentro de 30 minutos!
-Yo… -empecé a decir, pero él me interrumpió
-Eso es sólo para que aprenda a ser puntual en mis clases… agradezca que no le he pedido un trabajo de 100 hojas para la próxima clase… -dijo por último y volteó para marcharse
Bueno, él tenía razón, estaba agradecida por aquello, pero no por tener que pasar 30 minutos poniendo sellos y escribiendo el nombre del profesor en más de 200 hojas.
Por suerte para mí, termine mi trabajo en tiempo y forma, había sido bastante sencillo, aunque aún seguía molesta por haber perdido mi tiempo haciendo esto. Tomé lo papeles y salí del salón en busca del profesor. Caminé por los pasillos de la facultad y subí y bajé escaleras, ya estaba cansada de caminar y de buscarlo para entregarle su trabajo, finalmente cuando lo hice, me recordó que no llegara nunca más tarde, o de lo contrario el castigo no sería nada comparado con lo de hoy.
Miré a mi reloj mientras caminaba por los pasillos y me di cuenta que aún tenía unos 15 minutos para ir al comedor por algo para tomar. Apenas puse un pie dentro, vi como Jessie, mi mejor amiga, agitaba rápidamente sus brazos llamándome.
Había conocido a Jessie en mi primer día dentro de la Universidad. Yo estaba cargada de cajas y mis bolsos llenos de mis pertenencias. Apenas podía caminar, y claro, las personas no siempre son amables y se ofrecen a darte una mano, pero Jessie llegó y me hizo cambiar de opinión, aún existían esas clases de personas que ofrecían su ayuda desinteresadamente. Cargó junto a mí con mis cosas hasta llegar a la habitación que me habían asignado. A partir de ese día, no nos separamos nunca más.
-¡Aly! -exclamó mientras me acercaba a su mesa- ¿Se puede saber en dónde te habías metido? -preguntó seriamente, colocando sus manos sobre su cintura
-¡Oh lo siento mamá! -bromeé- Me castigaron… -dije finalmente, dejándome caer en una de las sillas
-A ti nunca te castigan… -dijo, pensativa
-Pues, hoy sí y todo por culpa de Britney… fue la segunda vez que llegué tarde a la clase del profesor Milton, y el odia que lleguemos tarde, de todos modos, fue sólo un pequeño castigo… -suspiré
-Esa Britney… -blanqueo los ojos- Bueno, pero tienes suerte de tener a una amiga como yo -sonrió- compré para ti el desayuno… no me agradezcas… -dijo deslizando la bandeja con un sándwich y una malteada hacia mí
La abracé.
-Eres la mejor…
-Lo sé, lo sé…
Caminamos juntas hacia el salón n° 50, en dónde compartíamos nuestra única clase juntas. Visualizamos los lugares vacíos y esta vez optamos por los dos asientos en el fondo.
-Oye… ¿En dónde pasaras Navidad? -preguntó, pero no me dejó responder de inmediato- Porque estuve pensando que sería genial que vinieras a casa a festejar con nosotros, ya sabes, mis padres te aprecian mucho… -sonrió y puso esa cara tan típica suya a la que nadie podía decirle que no, pero esta, sin lugar a dudas, sería la excepción
-¡Lo siento tanto! -me disculpé, realmente lamentando no poder ir con ella- Mis tíos esperan que vaya con ellos, y ya sabes que son como padres para mí y el hecho de que ellos no tengan hijos… -me interrumpió
-Sí, no te preocupes Aly… -levantó las comisura de sus labios, pero no logró formar una sonrisa, y de pronto apartó la mirada
-Hey… -susurré, ya que la profesora ya había entrado a la clase
Me miró nuevamente.
-¿No estás enojada cierto? -pregunté, sería terrible que Jess se enojara conmigo, ella era como una hermana para mí, y sinceramente era todo lo que tenía aquí
-Claro que no… -sonrió- para tus tíos es importante que estés con ellos, después de todo, ellos solo te tienen por unos días, y yo aquí te veo todo un año…
Sonreí. Sí, sabía que ella no se enojaría.
Sonó la campana , esa era mi señal… momento de volver a casa.
 Camine hasta llegar a mi departamento, cuando estaba buscando las llaves sentí unos espantosos gritos desde el interior  y me apure en la búsqueda de mis llaves
¿Dónde mier…? ¡Oh aquí están!
Abrí la puerta rápidamente esperándome lo peor.
-¿Qué, que pasa?¿Alguien entró? ¿Robaron algo? ¡Te hicieron algo? ¡ Britney! – grité
Mi compañera de piso salió de su habitación como si hubiera vuelto de correr una maratón pero aun así se seguía viendo bonita , es lo que más envidiaba de ella, hasta durmiendo parecía salida de un libro de cuentos de hadas con su cabello largo, lacio y rubio y con unos bellos ojos azules, mientras que yo siempre estaba desaliñada y no llamaba la atención con mi cabello oscuro y ojos color café.
-¡no encuentro mi brazalete Alina, simplemente no lo encuentro! ¡ Tienes que ayudarme a encontrarlo no me puedo ir sin el ¡- me estaba gritando
-Tranquilízate, respira profundo- le indiqué
Ella trato de hacer lo que le estaba indicando y cuando parecía que se estaba calmando tuve que abrir mi gran bocota y decir…
-Tranquila solo es un brazalete…
Ella salto y comenzó con el discurso del brazalete.
-¿Sólo un brazalete? Ese brazalete me lo dio Tom en nuestro primer aniversario…-decía mientras volvía a revolver toda la sala, yo ya no la estaba escuchando, sabia su historia con Tom desde que la conozco, es mas en vez de saludarme la primera vez dijo…
- Mi novio Tom me recomendó este departamento y yo confió en su decisión, veras ya llevamos saliendo don años y…- blah blah blah
- ¿Ya buscaste en tu bolso?- pregunté desde la cocina mientras me servía un vaso con jugo de naranja mientras Britt gritaba algo como :
- ¡ Qué tan estúpida crees que soy que no me voy a fijar en mi bolso….
Se detuvo de repente
-¿Britt? -pregunté
Ella salió nuevamente de su habitación con la cabeza gacha y el cejo fruncido.
-Estaba en el bolso ¿cierto?- dije con una sonrisa
- Cállate… -ordenó y me blanqueó los ojos
Sonreí y decidí hacerme un sándwich, comerlo en la sala frente al televisor. Mientras me sentaba Britney arrastró su maleta desde el cuarto a la sala.
-Britt ¿No te parece demasiado sólo para un fin de semana?
-Es lo indispensable – me respondió cortantemente
-Solo era un comentario -dije, levantando mis manos en signo de rendición
-Ahórrate el comentario…
-Tranquila -esto se estaba tornando agresivo
Britney soltó un gran suspiro y se desplomó a mi lado en el sillón.
-Lo siento es que es la primera navidad que Tom y yo no pasamos juntos
-Está bien – dije al verla, la verdad es que no quería hablar sobre la Navidad
-¿Tú que vas a hacer para esta navidad?
Y ahí estaba justo de lo que no quería hablar.
-Voy a pasar el fin de semana con mis tíos - me levante del sillón- De hecho creo que tendría que hacer las maletas yo también y a ti ya te están por pasar a buscar así que…
-¿Nunca me lo vas contar cierto?
-¿Contarte qué?
Sabía a lo que se refería . soltó otro gran suspiro y se lantano del sofá, agarró su maleta y se dirigió a la puerta.
-No importa… que tengas una Feliz Navidad- dijo mientras abría la puerta
-Que tengas una Feliz Navidad Britt…
Cerró la puerta y yo con eso me dirigí a mi dormitorio, saque un pequeño bolso para llevar, a diferencia de Britt, solo lo indispensable.
Otra navidad sola. Bueno no tendría que ser tan desconsiderada, había gente que realmente pasaba las fiestas sin compañía, yo al menos tenia a mis tíos. Mis tíos, pensé con melancolía, son la única familia que me quedaba después del accidente de auto que habían sufrido mis padres cuando yo tenía tan solo 3 años, así que realmente no tengo ningún recuerdo de ellos, salvo fotos y un viejo diario de mamá escribiendo todo lo que yo hacía desde que se entero que estaba embarazada, así que ¿No me debería de sentir sola cierto? Pero por alguna extraña razón tenía ese gran vacío en mi interior.
Soy una sobrina terrible mis, tíos han hecho todo lo que ha estado a su alcance para que yo me sienta como su hija, hasta dejaron que los llamara papá y mamá, pero no se sentina bien así que no lo hacía.
Termine de armar mi pequeño bolso y me dirigí hacia el estacionamiento.

Caminos de Sangre De Nayla Manuale

Prologo

Desde que Dacid se enamoro de Vanessa y se convirtio en vampiro hace ya casi un año, Natalie termino sumergiendose en ese mundo. Acostumbrandose a una nueva vida que por momentos era muy distinta y por otros muy parecida a la suya. 
Ella paseaba por el patio del lujoso complejo de edificios en el que vivía. Gracias a sus interminables insistencias habia logrado tener su propio departamento, era chico, un solo ambiente, pero le bastaba para estar comoda. El lugar estaba oculto detras de un bosque extenso para no llamar la atención, sobre todo de los humanos.
Algunos vampiros del clan de del padre se Vanessa habian llegado hacía minutos nada mas luego de una pelea aparentemente territorial con un clan enemigo. Oyó un ruido de pasos a sus espaldas. Se dío vuelta y allí lo vio a él, sentado contra un arbol con el rostro y su mirada seria. No sabía porque pero Kevin despertaba algo en ella que parecia estar dormido, algo que no controlaba. Era alto, morocho, siempre tuvo devilidad por los morochos. Se acerco y se sento sobre el cesped frio y humedo.
- ¿Problemas? - Le pregunto con voz calmada y tranquila.
- Por un error mio hoy casi no volvemos, estoy haciendo todo mal. - Le respondio secamente.
- No podes culparte de todo. - Replico ella. - Hay cosas que salen bien y otras que salen mal. - Tratando de que se sintiera mejor.
- Sos increible, siempre sabes que decir para tratar que el otro no decaiga. - Le dijo mirandola fijamente a los ojos. 
Kevin no entendia porque incluso cuando no era amable, ella lo era. Siempre intentando que no se deprimiera o enojara con el mismo. Tenerla cerca siempre le causaba un efecto desconocido. Lo hacía olvidarse de los problemas tanto personales como los de su pasado. Sabia que sentía algo por él, pero ella era humana, no estaba preparada para lo que era una relacion en su mundo. A veces hacia todo lo que podia para alejarla pero no funcionaba. Era una chica bastante transparente, todo lo que le pasaba se le notaba en la mirada, en su forma de actuar. Se acerco hacia él y antes de que tuviera la oportunidad de hablar apoyo suavemente los labios sobre los suyos. 
Kevin se quedo de piedra. Sabia que tenia que frenar lo que estaba sucediendo pero no tuvo fuerza de voluntad para hacerlo.

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Kevin se movia de un lado para el otro. No podia creer lo que sucedio con Natalie. Se habian estado besando y despues terminaron  desnudos sobre el sillon del living de su departamento haciendo el amor. 
- Calmate, no fue para tanto. - Hablo de repente. - Ya paso. 
- ¡No!... paso. Cometi un error.
- Guauuu gracias.
- Entendelo. - Kevin se acerco a ella. - Entre nosotros no puede pasar nada, vos sos humana y una pendeja de 19 años. 
- Y así y todo vos accediste. - Replico ella. - Algo sentis por mi.
- ¡Nó! - Grito él. - Yo no... yo no siento nada por vos. Sos una simple humana que esta pretendiendo ser otra cosa que no lo es, una vampira. No podes compararte con ellas. No tenes nada de experiencia en la vida y estas creyendo que siento algo por vos que no es así. Desde que llegaste solo nos trajiste problemas a todos, sobre todo a mi. Lo que paso ahora fue cosa de un momento, necesitaba liberar tension eso es todo.

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Vanessa sabia que algo no funcionaba bien del momento que se cruzo con su cuñada despues de que tuviera una discusion muy fuerte con Kevin. Ella habia tenido la mirada perdida y triste, como si estuviera buscando la manera de evitar llorar. Entró al cuarto para hablar con ella pero lo único que allí había era un sobre color rojo apoyado en la cama con el acolchado con flores de color negro, blanco y gris. 
Se acerco y lo abrio. Dentro habia una carta que sin dudas estaba escrita de puño y letra por Natalie. Letra cursiva con garabatos, inconfundible.
David entro seguido por Kevin que discutian sobre un auto que no funcionaba. 
- ¿Que pasa mi amor? - Dijo el primero antes de depositar un beso en los labios de su mujer.
- Nat... - Susurro Vanessa sin entender todavia. - Dejo esto. - Señalando el sobre que tenia en la mano.
Kevin se lo saco sen pensarlo y la comenzo a leer mientras que el resto se acomodaba al lado y detras de él viendo por los hombros de este lo que decia la carta.
"Se que preferirian que me despida en persona pero es algo que en este momento no soy capaz de hacer. Quise adaptarme lo mejor que pude a esta nueva realidad pero hay alguien que tiene mucha razon con lo que me dijo, soy una humana y no puedo pretender que a alguien que no lo sea le pueda importar. Esto me hizo pensar mucho y me di cuenta de que estoy dejando atras mi vida por comodidad. Los sueños que tenía antes me impulsaban y me motivaban a seguir adelante. La musica, el estudio aunque no lo paresca siempre estan ahí.
Se que les traigo un problema atras de otro desde que llegué. Algunos me lo gritan en la cara y otros prefieren callarlo.
Despues de pensarlo bien, él tenía razón. Soy una cobarde que no quiere enfrentar la vida y una pendeja que no tiene idea de lo que esto significa. Me creo cosas que no son y solo llegué a complicarles la vida a todos. No puedo estar acá y ser feliz sabiendo que a los demas solo les causo malestar e inconvenientes.
David, sos mi hermano y pase lo que pase voy a estar cada vez que me necesites. Desde que eramos chicos tomaste responsabilidades de grandes protegiendome (a veces demaciado), asegurandote de que no me pase nada. Pero ya no soy esa nena, estoy lejos de serlo y me puedo hacer cargo de las elecciones y las concecuencias de mis actos. Necesito crecer. Ahora hay alguien que amas y que creo que tambien te ama, y tenes que cuidarla, esa a partir de que lo elegiste es tu responsabilidad. Esta muy bien eso.
No soy una muñeca de cristal para que la pretejan de no romperce. Tengo que irme, necesito sanar viejas y antiguas hiridas. Algunas como las del corazon son mas dificiles y dejan cicatrizes. Quiero buscar mi camino. Encontrar a alguien que me quiera y quererlo yo tambien.
Necesito amar y buscar alguien que me ame.
Se ve que los vampiros, la sangre y todo eso no eran para mi.
Vanessa, cuidalo a mi hermano y gracias por estar en los momentos que te necesite.
                                         Cuidense mucho Natalie.
Kevin no supo como reaccionar ante lo que leia. Sabia que le habia hecho mucho daño lo que dijo. Por su culpa ella huyo de su mundo. No era lo que el queria, solo intentaba que se olvidase de él y haga su vida, pero no de esa manera. Escucho la respiracion de David en la nuca pero no le hizo caso y salio de ahí devolviendole la carta. 

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Ya era de noche y Natalie seguia caminando por una calle en la cual en horas no habia visto ningun auto. El aire frio por momentos se hacia perturbador y la neblina cada vez mas intensa. Solo llevaba una mochila tipo morral sobre un hombro y una mochila de espalda con algo de ropa en el otro, todo lo demas lo dejo atras en lo que habia sido su hogar por el último tiempo.
Por mas que queria no podia olvidar las cosas que sucedieron. Despues de la primera discución en el departamento de Kevin, ella se fue al suyo donde la pelea siguio aun mas fuerte que antes. Sintio verdaderamente que su corazon su mundo se derrumbaban.
Un ruido de disparo la puso en alerta, seguida de una sensacion de ardor en su estomago. Una mancha color roja empezp a aparecer sobre su swetter color crama. Apretó con su mano para intentar evitar que el sangrado pase a mayores. Dejó una de las mochilas para disminuir peso y empezo a caminar mas rapido hasta que cayo sobre el suelo cuando sus piernas cedieron. Empezo a sentir sueño y se forzo a mantener los ojos abiertos. 
Una sombra borrosa de alguien que se detuvo y la obserbo , se poso delante de ella. Trato de hablar pero las palabras no salian de su boca. Cayo en la inconciencia con la sensacion de que un agujero negro la tragaba. 


Trilogía Almas Infernales
Amor Infernal De Maria Fernanda Zunun

CAPÍTULO 40:

-Kat,siéntate- me dijo Lucas con una voz triste y con los ojos llorosos.

no sabía lo que pasaba y no tenía tiempo de sentarme,tenía que ir a buscar a mí hermanita Sira. entre más pasaba el tiempo y no la encontraba,más tiempo tenía Dragos para lastimarla o matarla.

no no podía pensar que la podían matar,no sé que haría sin ella,ella es la única que me queda y yo soy lo único que le queda.

-Lucas no hay tiempo de sentarnos tengo que ir a buscar a Sira- dije mientras me daba la vuelta para salir,pero Dante me detuvo con unas palabras y tan solo escucharlas me alegre,sentí un gran alivio.

-Kat ya encontramos a tu hermana.

-¿en dónde está? quiero verla y abrazarla- la estaba buscando con la mirada pero no estaba en la habitación,debe de estar en otro lado.

-Katherine,siéntate tenemos.... tenemos que hablar- Lucas sé acerco a mí y me tomó del brazo,me senté y el sé arrodillo enfrente mío y me vio a los ojos con lastima y tristeza. 

-Kat,no sé como decirte esto- sé detuvo y suspiro,vi que una lágrima sé le escapa de sus ojos,mire a los demás y vi  Lucy abrazando a Mark y también lloraba.

Dante sé sentó a lado mío y paso un brazo por mis hombros,tenía un mal presentimiento.

-¿que es lo que pasa?- después de decir esa palabras,me arrepentí haberlas dicho.

Mis ojos sé empezaron a llenar de lágrimas y sentí un gran hueco en mí corazón y un gran dolor.

Me levanté del sillón y me pare cerca de la puerta.

-están mintiendo- dije pero nadie me contestaba- ¡díganme que están mintiendo!- les grite pero tampoco nadie me contesto.

-Kat quieramos que fuera mentira,pero no puedo engañarte- Dante sé puso enfrente de mí.

-no,no es verdad ustedes me están mintiendo... ¡¡sira no puede estar muerta!! ¡¡no puede estarlo!!- me derrumbe caí al suelo y me quedé llorando,odiaba a Dragos,me odiaba a mí misma,por a verla dejado sola.

sentí que alguien me agradaba y vi a Dante que tenía los ojos llorosos,nunca lo había visto así.

-es mí culpa... ella... ella está muerta por mí culpa.

-no es tu culpa Kat no té atormentes así- sé acerco también Lucas.

Me levanté y les grite:

-¡¡No lo entienden!! ¡¡esto es mí culpa,si no la hubiera dejado sola,Dragos no la hubiera secuestrado!!!... si hubiera estado con ella,Sira estuviera viva ahorita.

-Katy..... no es tu culpa,tu no sabías lo que iba pasar,nadie lo sabía- me dijo Rose que también estaban llorando.

No le contesté,vi que Dante estaba sacando algo de su bolsa del pantalón y me agarró la mano y me dio lo que sacó de ahí,pero no lo vi,aún estaba en shock.

sentí que me estaba faltando el aire,necesitaba salir de ahí,me di la vuelta,iba salir pero una mano me detuvo.

Volteé a ver quien era y me tope con un par de ojos,esos ojos que me dieron la bienvenida,esos ojos que me gustaron y los que siempre tenían un brillo de felicidad,pero ahora están tristes,esos ojos eran de Lucas. mire atrás de el y vi también a Dante,mí enemigo,mí querido enemigo,la persona que me ah  salvado la vida muchas veces.

-porfavor Lucas,necesito salir de aquí- sentí mis lágrimas caer por mis mejillas.

me soltó y cuando me soltó salí corriendo de ahí, no sabía para dónde iba,solo corría y corría hasta que me cansé, al ver en dónde estaba,mis piernas perdieron fuerza y me derrumbe,estaba en lugar favorito de Sira, estaba en el jardín del parque,en este lugar le hize la promesa,la promesa que la iba proteger y que  nunca la iba a dejar.

-Sira,perdóname,perdóname por no haber cumplido la promesa- solloze, sentí algo en mí mano y me acorde que era lo que me había puesto en la mano Dante,la abrí y vi la cadena que le había regalado a Sira,abrí el dije y Sira había puesto una foto de nosotras dos,abrazadas,sonriendo en este mismo parque.

me levanté y me limpie las lágrimas,me puse el collar alrededor de mí cuello y mire hacia el frente.

-me vengare,lo juro Sira,me vengare.

Freedom De Edith Martinez
Nuevo Comienzo

27/Enero/2013.
Sonó la campana, me dije a mí misma, acompañada de un suspiro:-Aquí vamos, denuevo.-camine hacia el aula de literatura, tome mi asiento al final del aula, todos a mi alrededor hablaban, las voces no se distinguían, todos estaban con sus “grupitos” y yo solo estaba ahí sentada, socializar se ha vuelto algo demasiado difícil para mi, hace un tiempo que no tengo amigos, lose es algo triste pero ya me acostumbre, recuerdo cuando aun iba al Jardín de Niños, tenía a este amigo llamado Joseph, nose que sucedió con el, según oí que se mudo a Nueva Zelanda con su madre o algo así, desde entonces hasta 8 grado no eh tenido amigos, pero eso no importa yo me siento feliz así…bueno eso es lo que yo creo, lo que en verdad creo es que debería e dejar de pensar tanto, mí cabeza siempre esta rodeada de pensamientos raros, ¿porque? No lose.
El Sr.Jhon entro al aula y nos recibió como siempre:-Buenos días jóvenes, listos para explotar su cabeza?- La verdad nunca he entendido a que se refiere con eso, nose si se refiere a que nos llenemos de imaginación hasta que ya no podamos mas y explotemos literalmente, o cualquier otra cosa. La verdad el me da miedo. En ese momento todos se quedaron con cara de estupidos, pero en eso el Sr.Jhon me señaló y dijo:
-Mildreth, dime que fue lo que pensaste cuando dije eso?-Me puse nerviosa, demasiado para ser exactos:
-Em..em..-Mierda comencé a tartamudear ya que todos los del aula me veían.-Que imaginemos cosas sin fin?.-
El Sr.Jhon sonrió y empezó a caminar alrededor del aula moviendo su dedo una y otra vez mientras decía:-Muy bien Mildreth, ¿Ven eso chicos?,eso es lo…-En eso abrieron la puerta del aula, era Sebastián.
-¿Se puede?-Dijo Sebastián.
¿A que se deben estas horas Somers?-Exclamo el Sr.Jhon.
-Mi madre tuvo que ir a dejar a mi hermana menor a la escuela y se le hizo tarde, Lo siento no volverá a pasar Sr.Jhon.-Dijo algo nervioso.
-Mas le vale Somers, ahora tome asiento por favor-Dijo el Sr.Jhon mientras señalaba el pupitre que estaba enfrente de mí, Sebastián se dirigió al pupitre y se sentó,3 minutos después volteo hacia atrás y me miro fijamente a los ojos, Mierda sus ojos eran color Miel con algo de Verde, y su cabello castaño, simplemente perfecto.
- ¿Y tu como te llamas?-Me pregunto.
-Mil…Mildreth-Le dije, a la vez dije en mi cabeza:
-Oh mierda ya deja de tartamudear-en eso soltó una pequeña risa y dijo:
-Tu nombre es muy lindo- me sonroje y el lo pudo notar, volvió a reír pero ahora se volvió a dar la vuelta.
En cuanto se dio la vuelta cerré mis ojos y pensé:-Mierda, estupida que soy.-
El timbre sonó, la hora del almuerzo.
Era la hora del almuerzo, fui a recoger mi comida y me senté en una mesa, estaba sola, denuevo. La verdad no me dio importancia, saqué uno de mis libros favoritos y lo comencé a leer mientras comía, sentí que alguien se sentó en mi mesa, justó enfrente de mi.
-Oye tu!-dijo una voz que me parecía demasiado familiar.
No le tome importancia y seguí leyendo, tenia curiosidad de saber quien era así que deje de leer y vi a Brad. El chico popular del colegio, me lanzo una malteada de uva la cual mancho mi Sweater blanco, comenzó a reírse a carcajadas junto a 2 chicas que iban con el. Ashley y Nicole, Yo le grite:
-¡¡Eres un estupido Brad!!-Trate de golpearlo pero fue algo inútil.
El almuerzo terminó, fui corriendo al baño a limpiar mi Sweater. Después de 5 largas horas ya era la hora de salida.
Llegue a casa y encontré a mi madre llorando con el teléfono enseguida de ella, me preocupe mucho y le dije:
-        ¿Qué ocurre?-
Ella empezó a llorar mas, entre su llanto solo entendí 2 palabras."Tu Abuela",sentí un inmenso vació dentro de mi, comencé a llorar junto a ella.10 minutos después mi madre seco mis lagrimas y me dijo que mi abuela había fallecido de un paro cardiaco mientras dormía, por una parte fue bueno que muriera dormida porque no tuvo que sufrir tanto, pero por otra parte fue malo porque no pudo despedirse de mi madre y de mi. Ella era como mi segunda madre, ella me cuidaba cuando mi madre se iba a trabajar para poder mantenernos a mi y a ella ya que mi padre nos abandono cuando yo solo tenia 9 meses, La verdad le tengo mucho cariño porque siempre nos apoyo a mi y a mi madre, y siempre estaba feliz, ella era mi ejemplo a seguir y la ame muchisimo
 -Mildreth
Anabela De Angela C. R.

Proemio
Cuando era niño y soñaba con ser un hombre adulto, ella siempre estaba allí. A
veces como una visita molesta en mi enorme casa blanca al final de una colina verde, a
veces acompañándome en esa colina como mi esposa, pero siempre estuvo allí; eso
último nunca se lo dije, como tampoco dije el que soñara con una casa en la colina.
Despedirme de ella fue lo más difícil que he hecho jamás, porque nunca, en mis
más horribles pesadillas pensé que me separaría de ella. Jamás. Ella siempre ha estado
alrededor de mi mundo, o tal vez soy un mundo girando en torno a ella. Pero ella
siempre ha sido parte de mi vida, estando en mis fiestas de cumple años, en mi salón de
clases, en mis vacaciones. Nunca he estado lejos de ella. De alguna manera fue doloroso
verla entrar en ese edificio y que la gruesa reja de la entrada se cerrara delante de su
rostro; en su mirada se adivinaba una determinación envidiable, no lucía tensa, parecía
aliviada, como si todo fuese a acabar pronto. Al final, cuando me sonrió antes de
volverse y seguir su camino, lucía triste, supuse que le dolía tanto como a mí el que nos
separáramos después de haber hecho las paces.
Pasé los siguientes dos días del fin de semana haciendo un álbum con nuestras
fotos, se lo mandaría con su madre el día de visitas.
La mañana del lunes Rebecca se paró ante mi pupitre batiendo un sobre frente a
mi rostro. La dulce Rebecca, merezco su odio, y soy consciente de ello, pero su corazón
no conoce ese sentimiento.
“Ayer llegó esto a mi casa, es para ti.”
Tomé el sobre de sus manos con el ceño fruncido, ¿Por qué me enviarían algo a
casa de Rebecca?
“es de ella” agregó antes de marcharse a su lugar.
Dude antes de abrir la carta que Anabela me había escrito, tenía fecha del
viernes, antes de ir a aquel lugar al que la envió su madre.
Maikop.
Lo siento. Sé que no te merecías todo por cuanto te hice pasar, ni mucho menos
te mereces que te haga esto. Me vi tentada a dejarte colgado y no despedirme, pero
sencillamente no podía hacerlo.
Si, esta es una carta de despedida, escrita para la única persona que me importa
y la única a la que le importo. Te amo, tonto niño cursi, y lo que más voy a lamentar es
no haberlo dicho en alguna de esas tantas veces que estuve en tus brazos. Te amo y eres
lo mejor que me ha pasado.
Aparté la vista de las letras mecanografiadas para mirar la bombilla sobre mi
cabeza, porque ver fijamente la luz siempre me ha servido para retener las lágrimas, y
no me apetecía llorar en clase.
No hay manera fácil de escribirte esto, así que seré esa persona obstinadamente
directa que tanto reprendes y simplemente lo diré: el sábado por la noche voy a
suicidarme.
Lo siento, lo siento, lo siento.
Anabela.
I
Nunca olvidaré sus manos, pequeñas y delicadas, atrapando ranas o insectos en
mi patio. La odiaba cuando correteaba detrás de mí para echármelos en la cabeza, y ella
odiaba el corte honguito que me obligaba a llevar mi madre. La amaba cuando bateaba
más fuerte que ningún otro chico y corría las bases como si se le fuera la vida en ello,
me hacía sentir orgulloso, y ella amaba la sonrisa que le dedicaba. La odiaba cuando
masticaba y me enseñaba lo que había en su boca, era asqueroso y vergonzoso, y ella
odiaba que la reprendiera. La amaba cuando tomaba la culpa por algo que yo había
hecho, y ella amaba que mi madre la sermoneara como si fuese su hija. La odiaba
cuando se subía sobre mi regazó inmovilizándome, con su fuerza poco natural para una
niña de su tamaño, y con un hilo de baba apuntando a mi entrecejo, y ella odiaba que le
fuera con el chisme a mama. Pero principalmente, nunca olvidaré aquella otra ocasión,
hace unos pocos meses, cuando se subió sobre mi regazó con intensiones
completamente diferentes, cuando la amé de verdad y por primera vez.
Me dejé atar a la cama, porque pensaba que estaba jugado, y confiaba en ella.
No debí hacerlo. Porque con la ayuda de unas tijeras, ella se deshizo de mis ropas,
ignorando mis llamados de cordura, y mis peticiones de liberación; le dije casi en
suplicas, una y otra vez, que no lo hiciera, que pensara las cosas antes de cometer una
estupidez. Pero ella sencillamente continúo en su labor como si no hubiese nadie en la
habitación, como si yo hubiese estado tan dispuesto como ella. Tengo que decir a su
favor, que lo estaba.
Poco después, tumbada sobre mí, me liberó y se levantó a coger sus ropas.
Recuerdo que traté, sin éxito, el no reprenderla; pero estaba en mi naturaleza.
“Anabela eso no estuvo bien”
“lo sé, te hace falta practica”
Yo apreté los dientes e intenté no ofenderme, sabía que solo estaba siendo ella.
“tengo novia y lo sabes ¿Por qué hiciste eso?”
“Maikop. Relájate, ya pasó” dijo subiéndose sus pantalones, yo le hablaba desde
la cama. “dios a veces creo que eres un poco gay”
Lo intenté de nuevo.
“creo que no entiendes lo que hiciste” le dije.
Ella me miró suspicaz.
“¿te sientes violado, Maik?”
Era el termino que no quería utilizar, pero ¿Cómo se vería si ella hubiese sido la
atada debajo de mi?
“bueno, lo hiciste contra mi voluntad”
“yo te sentí muy dispuesto”
Me puse de pie y la obligué a mirarme después de que ella abrochara su
sujetador.
“escucha, no tienes que comportarte de este modo, como si la vida fuese una
pista de juegos, una enorme competencia en la que hay que pujar por el primer lugar; no
podemos deshacer lo que pasó pero tú debes prometerme que la próxima vez lo harás
con alguien con quien de verdad desees estar”
Ella bostezó.
-“ya lograste aburrirme” –dijo soñolienta. –“me largo”
-“hija de…”
Ella me miró alzando las cejas de modo expectante. Yo respiré profundo.
“escucha, acabas de acostarte con una mujer –por primera vez en tu vida. –
ahora no la sermonees, ¿sí? Eso”
“Anabela, no tenías derecho a hacer lo que hiciste, no tienes respeto por mí, que
intento mantener una relación estable y duradera basados en la confianza”
-“no le digas y punto”
“o por ti” la ignoré. “le entregaste tu virginidad a alguien que no la quería, dios
¿en que estabas pensando?
Ella me miró con gesto inescrutable.
“eres un idiota”
“y tú no eres una cualquiera, no te comportes como una”
Respiré profundo porque sabía que estaba comportándome como un canalla, y
así no iba a conseguir nada.
“te estoy hablando como tu amigo, tu mejor amigo; no como el chico con quien
te acostaste. Quiero que me prometas que lo pensaras mejor la próxima vez que lo
hagas”
Guardé en mi memoria la imagen de la sonrisa que esbozó su rostro cuando me
dio una lista de sinónimos más modernos para el término “cualquiera”. Me enfadé con
ella y se carcajeó sonoramente. Luego se fue y yo ya no pude seguir fingiéndome
molesto.
II
Odiaba su inoportuna forma de pelearse conmigo los viernes por la tarde, y
luego no verme en todo el fin de semana. La mañana del lunes cuando llegué tarde a
clase, ella me ignoró estudiadamente. Dios, que culpable iba a sentirme si ella se
arrepentía de lo que había hecho; debí haber intentado zafarme de las bufandas que usó
para inmovilizarme, pero el nudo era tan fuerte.
Más tarde cuando salimos de clase, la esperé junto a la puerta, porque era lo que
siempre hacía. Rebecca fue la primera en salir, supuse que aquello también era un
movimiento estudiado de Anabela.
No había tenido el valor de llamarla o quedar con Rebecca en todo el fin de
semana, de hecho, en aquel momento me costaba mirarla a los ojos; sabía que era una
estupidez decírselo, así que había decidido que si un día preguntaba si lo había hecho
alguna vez, yo le diría que sí, pero no le daría ningún detalle. Era una verdad a medias,
supongo, además ella no iba a querer saber detalles.
La miré a los ojos y me obligué a mantener una sencilla conversación con ella.
Pero en realidad vigilaba a todo quien saliera del salón. Finalmente salió la chica de
ojos negros, mi mejor amiga, la primera mujer en mi vida. Anabela. Me distraje en su
cabello castaño y la forma descuidada en que sostenía su bolso, ella estaba llena de
detalles, simples y fascinantes; era fácil perderse en Anabela.
Ella nos dedicó una sonrisa que decía “que clase tan tediosa” y caminó a grandes
zancadas a la próxima clase.
No fue sino hasta la hora del desayuno cuando al fin pude hablar a solas con ella.
“Anabela” la saludé incomodo. Era algo nuevo entre nosotros.
“Maik”
Ella sonreía, parecía disfrutar del momento.
“no llamaste” la acusé. Ella alzo las cejas.
“eso te convierte en la chica ingenua a la que botan después del sexo”
Realmente la odiaba cuando insinuaba que era gay, o afeminado, y más
recientemente, una mujer. Pero intentaba dejarlo correr.
“tu tampoco llamaste” dijo ella. Y en su rostro hubo un atisbo de algo
indescifrable, como si realmente hubiera esperado que la llamara. Debí haberlo hecho,
debí haberle dicho que la amaba, supongo que no puedo volver un par de meses y
demostrarle lo mucho que la necesitaba.
Me senté manteniendo su mirada, y ella me sonrió con aire travieso.
“Así que ahora eres un chico malo ¿eh? Engañar a tu novia el fin de semana y
luego ocultarle el secreto, ¿es tu nuevo estilo ahora?”
“basta” negué con la cabeza. “¿podrías comportarte como si te importara un
poco? Soy tu amigo, ¿podrías actuar como si lo nuestro significara algo para ti? Porque
hasta la fecha no veo como me beneficié esto en nada”
Su sonrisa se congelo en su rostro.
“¿Qué quieres que haga?”
Yo la miré pensativo.
“Rebecca está planeando una cita doble esta noche” le dije esperando su
reacción. “invitará a otro chico, ven con nosotros”
“¿en serio? ¿Esa es tu propuesta de penitencia por lo que hice?”
Yo asentí tímidamente, preguntándome que esperaba. Creí que si podía
complacer a Rebecca en esta pequeña petición tal vez me sentiría un poco menos
culpable, por supuesto era una esperanza vacía.
Ella frunció los labios.
“no se” dudó “si tiene que acudir a la santurrona para conseguir una cita ha de
ser bien feo”
“Rebecca…” la corregí. “…solo convino una cita, no una boda”
“de acuerdo, por ti, para demostrarte lo buena amiga que soy, iré a una cita a
ciegas con un posible Rasputín o cuasimodo”
Los primeros días de la semana se convirtió en una rutina, mirándola de reojo
cada vez que ella no veía. Anabela peleó con un profesor el miércoles, con una alumna
el mismo día, y el jueves citaron a su madre; el viernes llegó con un horrible moretón en
el ojo, yo intentaba no mirarla para que no la tomara conmigo, sabía que si le
preguntaba iba a ganarme un centenar de blasfemias y una descortés sugerencia a
meterme en mis asuntos. Esa noche la obligué a ir a comer a mi casa, habiéndole
advertido previamente a mi madre de que no hiciera preguntas o ganaría las mismas
respuestas; ella también había aprendido que Anabela era quien era y que debíamos
amarla con todo y sus toscas maneras.
En la cita doble del sábado la esperamos por casi una hora, Rasputín –cuyo
nombre olvidé enseguida – parecía agradable, pero aun así no podía evitar mirarlo con
recelo, ¿en que estaba pensando cuando me convencí de que verla salir con otro chico
en mis narices sería lo correcto?
Cuando entró por la puerta del centro comercial, lucía cansada, herida, abolida,
parecía que su alma moría. Debí haberme dado cuenta entonces. Para cuando nuestras
miradas se cruzaron, su rostro cambió, y yo la amé por ser la razón de ese cambio.
Jugamos como una hora de jokey de mesa, ella ganó cada partida, y se convirtió
en una lucha por sacarla del tablero; También pateo nuestros traseros en los juegos más
agresivos. Ella era realmente buena en todo. Ofrecí comer comida de verdad en un
restaurant de verdad, pero la mayoría eligió democráticamente, y terminamos en un
McDonald’s; ella terminó antes que todos y robó mis papas fritas y las del resto. Yo les
compré unas para llevar y mi gesto quedo un poco incomodo en el ambiente.
Aun así fue una noche estupenda.
III
La noche del domingo salí con Rebecca a comer helado y a compartir con sus
amigos, porque eso la hacía feliz. Entonces capté el nombre de Anabela en una
conversación muy explícita de cosas que esta le había hecho a Rasputín, quien estaba
sentado en la mesa fingiendo creer hablar en voz baja. Yo estaba estupefacto, sentía
ganas de gritarle y golpearlo hasta que mis manos sangraran, no me importaba que con
la única persona con la que había peleado hubiese sido una chica, una de la cual estaban
hablando con esa boca sucia y llena de palabrotas. Rebecca me miró con los ojos muy
abiertos, yo no era consciente de que apretaba los puños sobre la mesa. Lo que Rasputín
estaba haciendo era lo más bajo a lo que un hombre podía llegar a mí parecer. Vociferar
las cosas que Anabela… ¿pero en qué diablos estaba pensando ella? ¿Por qué?
No esperé ni un segundo más, me giré sobre el idiota cuando este hablaba del
trasero de Anabela y le planté un puño con todas mis fuerzas en su ojo izquierdo. Para
mi sorpresa cayó redondo en el piso. Me miró atónito, con los ojos muy abiertos. Sin
decir ni una palabra salí del restaurant.
Mi cuerpo y mi mente anduvieron inconexas por un largo camino. No me enteré
de cuando tomé la decisión, pero de repente me encontré a mi mismo frente a la puerta
de Anabela, sabiendo a ciencia cierta lo que quería, más bien lo que necesitaba. Una
explicación. La reñí y ella aceptó demasiado pronto haberse acostado con el idiota a
quien golpeé en el restaurant.
“pero ¿por qué hiciste eso?”
Hablábamos en la esquina al final de la cuadra de su casa, ella me había llevado
allí en cuanto le hice la primera pregunta.
“bueno, para empezar no sabía que el tipo era un idiota” no podía entender su
descaro.
“Anabela, lo prometiste”
“no, no lo hice, ahora si eso es todo… tengo una casa que atender”
Yo la miré dar un par de pasos y entonces algo dentro de mí estalló.
“no puedo hacer esto” anuncié. Ella se detuvo. “no puedo ver como destruyes tu
vida y quedarme al margen porque así tu lo quieres, no puedo ver como denigras de ti
misma y te ofreces a cualquiera”
Ella se volvió y me miró con ojos ausentes, parecía que ponía los ojos en blanco.
“lo siento, no puedo”
“¿estás rompiendo conmigo Maikop?”
¿Lo estaba haciendo? En retrospectiva, creo que fue el monstruo de los celos
quien ponía las palabras en mi boca. Pero realmente todo lo que decía era cierto, no
podía ver como se convertía en una desconocida ante mis ojos.
Asentí con la cabeza y ella se encogió de hombros.
“Esto es inmaduro” dijo “¿vas a aplicarme la ley del hielo? ¿Reirán de mí tu y
Rebecca mientras paso frente a ustedes?”
Ella unió dos dedos frente a mí como hacía cuando éramos niños, en aquella
época yo usaba mi dedo índice y medio para crear una tijera imaginaria y cortaba
separando los dos dedos meñiques que ella unía frente a mí.
“córtalo” dijo con una media sonrisa sínica y fugaz que no llegó a sus ojos
“no Anabela, no se trata de eso; cuando vuelvas a ser tu, yo aun estaré aquí,
esperándote, aun seguiré siendo yo”
Aun te seguiré amando ¿Por qué no se lo dije?
“por el momento no puedo ver cómo te destruyes”
Me di media vuelta y la dejé allí, sola, dejando un pedazo de alma junto ella,
tenía miedo de confiársela entera y que la hiciera girones. Mientras avanzaba mire cada
faro de luz a mí alrededor. No quería echarme a llorar, no todavía.
IV
El lunes Anabela no se presentó a clases, ni el martes; cuando apareció el
miércoles por la tarde, iba toda desaliñada, con demasiado delineador negro y un suéter
ancho que casi cubría su falda del colegio; me revolví pensando a quien le pertenecería.
Iba y venía por todo el colegio, no parecía encontrar donde estar cómoda. No me miró
en ningún momento, y yo intenté mirarla el menor tiempo posible. Había rumores de
que se había escapado con una mala banda de rock, pero nadie sabía a dónde, supuse
que solo hablaban por hablar. Yo le di su espacio esperando que el extrañarme fuera
razón suficiente para que regresara a mí. Que egocéntrico y egoísta fui.
El jueves peleó con un chico –realmente peleó – lo derribó en el suelo y se subió
a su regazo propinándole un golpe tras otro en su nariz. Cuando me enteré de que fue
porque el muy idiota la había tocado donde no debía, quise golpearlo también, pero
Rebecca me tranquilizó. Aun así no me fue difícil convencer a los del equipo de futbol
de molestarlo y lastimarlo ocasionalmente; y así fue como me convertí en victimario del
bullying. La expulsaron y pasó el resto de la semana en quién sabe dónde.
Cada vez me costaba más cumplir mi palabra, necesitaba saber como estaba, que
le había hecho su madre. Para cuando el fin de semana llegó la espera se hiso
insoportable. Rebecca estaba notando lo tenso que estaba, ella sabía lo mucho que
significaba Anabela para mí, y curiosamente, siempre lo aceptó.
Entonces mientras paseábamos por la plaza en un intento de subir mi ánimo, o
bajar mis ansias, la vimos. Estaba en una esquina de la plaza, usando ropa muy corta y
ceñida a su cuerpo; bebía y fumaba con un grupo de jóvenes que dejaban mucho que
desear. Recuerdo que mi corazón se quebró. La recuerdo en vestidos de flores, en
conjuntos estampados, en pijamas largos, bebiendo chocolate conmigo, contándonos
secretos, yendo en bicicletas, ligando nuestros meñiques, estampándome un beso en la
mejilla; son tantos recuerdos, en todos lucía feliz, era ella, no esa versión demacrada
que tenía frente a mí. Esa versión que me miró y apareció un atisbo de luz en sus ojos.
Yo me giré sobre mis talones y me alejé con Rebecca corriendo detrás de mí.
Tuve un mal fin de semana, mi madre preguntó por Anabela y yo no supe que
decir. Me encerré en mi cuarto y puse mis auriculares a todo volumen, escuchando una
música espantosa y en ingles que me impedía pensar. Pero si mi fin de semana fue
horrible, era nada en comparación con el que Anabela debió tener. Apareció la mañana
del lunes con el pelo mal cortado a la altura de los hombros y la cara llena de
moretones; cuando se le cayó la capucha de ese mismo suéter largo y demasiado ancho
para ella, su cuello tenía unas horrendas marcas de dedos. Cambié mi mirada a la
lámpara del salón porque no soportaba ver lo que le hacían al cuerpo de quien había
sido mi mejor amiga.
Lunes, martes y miércoles pasaron sin ningún incidente en el que Anabela
estuviese involucrada o hubiese provocado. Pero entonces el jueves estalló la bomba.
Anabela había estado ebria y había hablado de más, todo mundo estaba hablando de
cómo el “santurrón” –yo – había desvirgado a Anabela mientras aun estaba con su novia
santurrona –Rebecca – sabía, y lo merecía, sabía que un día iba a enterarse. Pero no
pensé que fuese así. No era del único encuentro sexual del que había hablado Anabela,
por lo que Rebecca tardo todo el tiempo del desayuno en enterarse. Cuando me la
encontré en el salón de clases… jamás olvidaré la forma en que me miró. Supongo que
esperaba que yo lo negara, que le dijera que todo había sido un rumor sin fundamentos,
pero ella vio la culpabilidad escrita en mi rostro; un segundo después su vista se posó en
un punto detrás de mí, Anabela acababa de entrar. Ella también me miró y vi
arrepentimiento en sus ojos.
Asentí con la cabeza y fui a mi asiento, porque sabía que no era momento para
hablar, no en medio de un salón. Desde mi asiento en medio de la fila podía escuchar a
Rebecca sorber su nariz y ver como se limpiaba los ojos con el dorso de su camiseta. El
profesor preguntó si estaba bien y ella se retiró de la clase alegando tener una fuerte
alergia. Los murmullos se alzaron, aunque no podía entender bien que decía; sus
miradas iban de Anabela hacia mí. Ella estaba sentada derechita en su silla, indiferente a
todo lo que sucedía a su alrededor.
No lo soporté y me salí de la clase para ir por Rebecca, no podía dejarla así, no
mientras sufría por mi culpa.
La encontré entrando en el tocador de damas y esperé paciente a que saliera.
Cuando lo hiso me miró sin decir una palabra, sus ojos estaban rojos e hinchados; aun
así, estaba hermosa.
“lo siento” dije porque no sabía que decir.
“lo sé” respondió ella. “por favor no me sigas, déjame sola, ya no quiero estar
contigo”
No podía culparla, yo mismo no quería estar conmigo en ese momento. Asentí y
la miré alejarse.
V
Después de un fin de semana en el que todo mundo pareció expectante de que
iba a hacer Anabela, ella llegó el lunes con nuevas marcas en su rostro. Parecía aun más
cansada que antes, los rumores ya superaban la ficción; Anabela logró sacar un
excelente en un examen de matemáticas y todos inventaron rumores de ella y el
profesor, yo sabía que eran mentiras, ella era muy buena en esa materia, como en casi
todo. Para el miércoles se había acostado con casi todo el alumnado masculino y una
porción de femenino. Era ridículo, todos estaban impacientes por decir que habían
tenido sexo con Anabela, pero nadie se le acercaba, siquiera yo. Mientras que la pobre
Anabela sufría su calvario en silencio.
El viernes citaron a su madre, los rumores habían llegado a oídos de un profesor.
Yo estaba en la clase de donde mandaron a llamar a Anabela para la citación en la
dirección, y no me enteré de lo ocurrido hasta la hora del desayuno: su madre la había
golpeado con puños y patadas mientras la llevaba a rastras fuera del colegio. Todo
mundo dijo que se lo merecía, que era la única manera de encarrilarla de nuevo. Y
aunque me dolía en el alma, aunque esa noche lloré a escondidas en mi habitación, no
pude negarlo.
Para el sábado mi madre se había enterado del suceso, estaba dispuesta
demandar a la madre de Anabela, yo la alenté y el lunes temprano puso la denuncia.
Toda la semana, Anabela estuvo mirándome extraño las pocas veces que lo hacía. Para
el viernes le llegó la noticia a mi madre de que solo habían convenido algunas citas
madre e hija con un psiquiatra; al parecer esta había expuesto su caso como una madre
soltera y desesperada, quien intentaba llevar a su hija por el buen camino, pero esta era
incontrolable, indomable, y todos los días llegaba a la casa ebria y con moretones en su
cuerpo.
Yo apreté los labios cuando me enteré de aquello. Pero el lunes siguiente,
Anabela apareció sin nuevas marcas, y con las anteriores casi borradas. Aquello
destrozaba el testimonio de su madre. Si hubiese sabido algo que yo hubiese podido
hacer, lo hubiese hecho, hubiese dado todo de mí por verla sonreír de nuevo. Jamás se
me ocurrió acercarme a ella otra vez. Al menos ya no estaba siendo golpeada. No por su
madre.
Una tarde, algunas semanas después, caminando con los del futbol a un par de
cuadras del colegio, vimos a un puñado de jóvenes reuniéndose entorno a algo, una
pelea. Mis instintos me decían quien estaba en el centro, al menos uno de ellos. No tuve
tiempo de llegar corriendo. Un segundo vitoreaban a favor de alguien y al siguiente se
disolvieron alejándose del lugar, dejando a una víctima inconsciente. Luché para no
entrar en shock, fue uno de mis compañeros quien reaccionó en primer lugar; le vi
tomarle el pulso a una Anabela muy quieta para su habitual espíritu rebelde.
“está viva” anunció, y yo volví a respirar.
Me acerqué a Anabela, mi Anabela, y la alcé en vilo para llevarla cargada al
hospital que quedaba a un cuadra más, mientras mis compañeros detrás de mi llamaban
a la policía. Anabela no tenía teléfono encima, por lo que les indique que cogieran el
mío de mi bolsillo y llamaran a casa de ella.
“es el numero dos del marcado rápido” les dije. El numero uno era el suyo
personal.
En el hospital su madre llegó luciendo realmente preocupada, parecía
confundida por encontrarme allí. Entonces decidí dejar a Anabela con su madre, no
sabía si hubiese querido verme cuando despertara, suponía que no.
VI
No fue sino hasta el martes de la semana siguiente cuando Anabela regresó a
clases, tenía un cabestrillo en su pierna derecha, y sus moretones habían sanado
bastante. Nadie había visto a sus agresores, yo mismo no podría identificarlos si los veía
de nuevo, a menos que fuesen con las mismas ropas desgastadas de aquel día. Mi madre
había hecho un escándalo en la fiscalía por no haber encontrado culpables, había
hablado un par de veces con Anabela, estaba seguro de eso, pero yo no preguntaba y
ella no decía nada. Desearía volver atrás y golpear mi cabeza fuertemente contra el
asfalto.
Todo pareció estar bien por una temporada, Rebecca aceptó hablar conmigo y,
sin dar detalles, convinimos seguir siendo amigos; lo cual era un trato que no merecía.
Anabela se mantuvo alejada de los problemas por un par de semanas oportunamente
aburridas, sabía que eso le duraría tanto como su pierna tardara en sanar. Ella era tan
vengativa como competitiva. Estaba aterrado de que se curara, yo mismo hubiese sido
capaz de romperle la otra pierna.
El día llegó demasiado pronto. Encontraron a un chico de la escuela con una
puñalada en el muslo derecho, muy cerca de la zona de peligro. No necesité de un rumor
para saber que fue ella. La vi salir del baño con una feroz determinación en sus ojos
llenos de lágrimas. Entonces supe que la había perdido para siempre, que ahora estaba
en un lugar al que yo no podía llegar.
Intenté olvidarme de Anabela y de su autodestructiva forma de vivir la vida,
intenté quitar de mi habitación todo lo que me recordaba a ella, deshacerme de todo lo
que evocara su recuerdo; pero para hacer eso debía primero borrar las cicatrices en mi
cuerpo, muchas cortadas y raspones que fueron las medallas de todas las aventuras que
vivimos juntos. Hay una en mi frente que me hice intentando coger un mango para ella,
la vara cayó sobre mi; hay una en mi pie izquierdo que me gané por corretear descalzo
por la calle, justo en el empeine, fue la peor porque sangraba mucho, ella hundió sus
deditos en la herida intentando detener la hemorragia, yo intente ser valiente porque
sabía cuánto le temía ella a la sangre, y lo mucho que significaba hacer lo que estaba
haciendo, me enredó el listón de su vestido y cojeando me llevó a casa; tantas cicatrices,
buenas y malas, tantas historias.
Nunca llagaría a olvidarla.
VII
Recuerdo que era viernes cuando los chicos del futbol me convencieron de ir a
una fiesta, yo no tenía ganas, ni de ir a fiestas, ni de estudiar, ni de comer, o hablar. Mi
madre comenzaba a preocuparse de mi actitud, y yo comenzaba a entender que mientras
más se hundiera Anabela más me hundiría yo con ella. Siempre fuimos una maquina
bien sincronizada en todo, ¿Por qué no en aquello también?
La última vez que escuché hablar de Anabela, ella estaba metida en problemas
de droga, quise no creerlo, pero la vi con mis propios ojos. Después de eso no volví a
prestar atención a lo que decían los chismes de pasillo. Anabela seguía erguida en su
pupitre, seguía ignorando los murmullos. Bien hecho chica, haz lo que yo. Le alentaba
en mi mente.
Esa noche asistí de mala gana en un intento de que mi madre se quitara un peso
de encima. Para mi sorpresa, Rebecca y sus amigas estaban allí. Todo mundo estaba allí,
de hecho. Todos murmurando acerca de algo. Dios, no quería creer que el único tema
fuese Anabela. Pero así era. Ella estaba en una habitación, eso fue lo que escuché.
Cuando Rebecca me vio entre la multitud corrió a mis brazos con sus ojos anegados de
lágrimas.
“no estaba bien, la han metido a esa habitación con la escusa de que reposara un
poco, pero yo sé que no es cierto. Ella estaba prácticamente inconsciente”
Sus palabras me hicieron reaccionar, de ninguna manera iba permitir que ningún
idiota le pusiera una mano encima sin su consentimiento. Iba a ganarme una buena
paliza en el intento, pero sacaría a Anabela de esa habitación. Por suerte, mis
compañeros del futbol también reaccionaron, y fue ridículamente fácil abrirme paso
hasta Anabela. Ella estaba tumbada en una cama, estaba casi desnuda y con dos tipos
rondando sobre ella; movía la cabeza de un lado a otro como si tuviese pesadillas, y de
nuevo no fui el primero en reaccionar, luego de que hubiesen sacado a los dos hijos de
la chingada de la habitación, yo aun seguía mirando a Anabela; lucía hermosa con su
cabello un poco más por debajo de los hombros y su rostro bañado por la tenue luz de
una lámpara. La cubrí con las sabanas y me quede sentado al borde del colchón,
mirándola dormir.
“que vamos a hacer” preguntó alguien desde la puerta. Todos ellos también
habían visto crecer a Anabela.
“¿alguien sabe cómo tratar una intoxicación por drogas?”
“hay que llevarla al hospital”
Y así lo hicimos, esta vez dejamos nombres falsos y no llamamos a nadie más,
ella no querría que nadie se enterara de su lapsus, o como sea que lo llamara. Yo y tres
de mis compañeros nos quedamos toda la noche, a las ocho del día siguiente aun no se
había levantado, así que cuando dos más de mis ahora preciados amigos llegaron al
hospital, el resto nos fuimos. Anabela salió esa tarde, y yo no pude hablar con ella, ya
estaba decidido a decirle que necesitaba que volviera, que yo quería volver.
Mi convicción era firme, por lo que no podía esperar al lunes, fui hasta su casa y
llamé a la puerta. Su madre me abrió. Dude un segundo antes de preguntar, pero lo que
respondió, me sorprendió tremendamente.
“un momento, ella no está contigo” me acusó. Pero sabía que no era para mí,
había metido a Anabela en problemas, y lo que es peor había descubierto que me usaba
como cuartada.
Como era de esperarse, el lunes entró a clase tarde, y con un labio roto; cuando
fue a sentarse se quejó de sus costillas. Anabela me dedico una mirada, su primera
mirada en meses. Mi corazón dejó de latir. Aquel día teníamos examen, por lo que el
profesor se paseaba de pasillo en pasillo para pillar a algún fisgón o tramposo; así fue
como confundió una pequeña bolsa sobresaliendo del suéter de Anabela. No, la habían
descubierto. Recuerdo que luego sentí un alivio incomparable, más tarde intenté
sentirme culpable por mis emociones, pero no lo logré, la habían pillado, tal vez
entonces pudieran ayudarla.
Lo que odié de todo aquello fue el escándalo que se armó. Su madre estaba
llorando, el director lucía decepcionado, pero nadie estaba sorprendido; eso me molestó,
ellos no la conocían como yo. Anabela caminó todo el tiempo con la cabeza erguida,
inclinándola solo para entrar al auto patrulla que fue por ella.
VIII
Llegué a mi casa conmocionado, y pasé el resto de la semana sin salir de mi
habitación, mi mama no tardó en enterarse de la noticia, pero no me pregunto y yo no le
dije nada. Todo había pasado tan rápido. Ahora faltaba esperar que decidieran que iban
a hacer con ella, y estaba dispuesto a hacerlo, a esperar noticias debajo de mis sabanas
acurrucando una foto suya contra mi pecho.
Recuerdo que el jueves por la noche me dormí y al despertar ella estaba en mi
habitación. Mirándome con una sonrisa traviesa, se había lavado el maquillaje en su
cara y llevaba el cabello recogido. Estaba hermosa.
“arriba, vete a duchar que ya te urge”
Me desperecé decidiendo que no era un sueño y la mire a los ojos como había
soñado hacer desde hacía tiempo.
“es enserio lo de la ducha”
“¿estarás aquí cuando salga del baño?”
Ella asintió con la cabeza y yo me levante para hacer lo que me pedía tan
bruscamente.
Cuando salí de la ducha la encontré mirando la foto con la que dormía, alzó la
vista y vi lágrimas en sus ojos. Corrí junto a ella y la estreché contra mis brazos porque
a los dos nos hacía falta. Y lloramos, lloramos juntos como cuando mi perro lombriz
murió de vejez. Lloramos tanto que sentía que no me quedaban lágrimas. Ella hipaba
contra mi hombro, y yo intentaba apaciguar mis sollozos para poder consolarla. Nunca
me había avergonzado de mostrar mis sentimiento abiertamente, el único sentimiento
que tuve miedo de mostrar fue el sublime e inminente amor que sentía hacia Anabela, y
me arrepiento de muchas cosas, pero el no haber estado a su lado y decirle lo mucho que
la amaba es la cosa más baja que llegué a hacer jamás. En aquel momento debí haberla
encerrado en mi habitación hasta cumplir la edad suficiente para casarnos y comprarle
una maldita casa blanca en una colina verde; pero soy demasiado idiota para pensar con
claridad.
“lo siento” dije porque estábamos abrazados sin llorar o decirnos nada.
“también lo siento”
“nunca, nunca, nunca, te dejaré de nuevo, lo prometo Anabela”
Ella me miro a los ojos y yo le sostuve la mirada.
“no sabes cuánto me pesa el…” mi voz se quebró y mi rostro se contrajo en una
mueca, nuevas lágrimas aparecieron.
“está bien” me consoló ella. Mostrándose fuerte aun desde el hoyo en el que
estábamos juntos. “estoy aquí y tu también, eso es lo que importa”
“lo siento Anabela”
“escúchame, quiero que sepas una cosa, tú no eres culpable de mis sombras, esas
son cosa mía; las luces, esas las creaste tú; mis momentos más felices eran los que
pasaba recordándote” besó mis nudillos con dulzura. “lamentó todo lo que te he hecho,
espero que puedas perdonarme”
Yo acaricie su cabello, mi manó terminó en su hombro extrañando cuando
llegaba a su cintura, y no pude evitar cerciorarme de si su labio había o no sanado, me
incline un poco, tal vez demasiado, deseando besarlos.
“no” dijo ella “yo no te merezco, Maikop”
Se apartó con brusquedad y se sentó lejos de mí abrazando sus rodillas.
“Anabela…”
Ella negó con la cabeza.
“me enviarán a un reformatorio” dijo “debo marcharme, solo he venido a
despedirme” se le quebró la voz. Pero en ese momento yo no supe la gravedad de sus
palabras. Tal vez deseaba que yo lo adivinara y la detuviera.
Después mis recuerdos son escasos y borrosos, el poso donde había caído se
llenó de un denso frenesí donde yo nadaba ahogándome, embriagándome de él.
Recuerdo que pensé que todo estaría bien, que Anabela saldría en unos escasos meses y
se quedaría junto a mí, porque yo no iba a dejarla ir.
Logré que me dejaran acompañarla hasta el lugar donde iba a quedarse, la vi
entrar a este, volverse y sonreírme, sin saber que sería la última vez que la vería.
IX
Leí una vez más la carta y saqué de mi mochila una hoja de papel, en la que
garabateé.
Querida Ana:
Nunca me dejaste ponerte diminutivos, odiaba eso de ti. Tampoco dejaste que te
llamara querida, por lo que te escribo esta carta empezando de la forma en que te
cabrearías y lucirías tan linda como te recuerdo.
Yo también te amo, y desearía habértelo dicho a tiempo.
Ahora es tarde, muy tarde, lo planeaste bien.
También quiero que sepas que era yo quien no era digno de ti, nunca te diste
cuenta de lo maravillosa que eras, nunca notaste cuanto me esforzaba por ser como tú,
valiente e intrépida, idiota e inteligente. Te amo y Te amé tanto.
Las personas lanzan piedras a todo lo que brilla, y tú eras mi luz más
deslumbrante. Te derribaron del cielo desde donde me guiabas, te apartaron de mí.
Nunca debí haberme alejado. En el momento en que di media vuelta y te dejé en medio
de la calle, en ese momento te perdí bien merecidamente. Pero tú no te merecías ver mi
espalda alejándose de ti.
Pudiste haber sido grande, pudiste haber sido mía, pudiste haber sido lo que
quisieras. Pero elegiste ser un recuerdo. Aun así, siempre victoriosa, serás el mejor
recuerdo de todos.
Siempre tuyo, Maik
Abandoné la clase para ir a casa de mi mejor amiga, esa casa que nunca fue más
que cuatro paredes para ella, porque su hogar estaba en cualquier lugar que compartiera
conmigo y el mío junto a ella. Pero estaba seguro de que allí me encontraría con un
funeral. El funeral Anabela, mi mejor amiga y la única mujer que he amado.
X
La enterraron un martes en medio día, yo había estado menos de cinco minutos
en su funeral; no había soportado la imagen de ella tan quieta y pálida. Su madre me
susurró al oído que había cortado sus venas y junto a la herida había escrito las iníciales
“M.A” supuse que solo había querido hacerme sentir responsable. Y lo había logrado.
Más tarde me convencí de que ella estaba equivocada, pero en ese momento salí de
aquella triste habitación donde Anabela posiblemente había sido golpeada y corrí lo más
rápido que me permitían mis piernas, corrí porque un día la chica que amaba se había
alejado de mí tanto que me fue imposible alcanzarla, y porque eso nunca volvería a
pasarme.
Cuando llegué a mi casa aquel mismo lunes a medio día, me eche sobre mi cama
y lloré. Lloré en memoria de esa niña pequeña que se burlaba de mis cortes de cabello,
por esa niña que me venció en pulso hasta una edad vergonzosa, lloré porque nunca más
la vería masticar con la boca llena, o meterse bichos en la boca, grité porque quería que
me escuchara donde estuviese, le maldije por haber hecho lo que hiso: y lloré, y lloré, y
lloré. Por tanto rato como pude mantenerme despierto. Mi madre no preguntó y yo no
dije nada, ambos sabíamos que después de eso iba a estar bien.
Le dejé la carta sobre su tumba porque no sabía que más hacer. Su psiquiatra
había hablado conmigo hacía un momento, me había contado cómo cuando hablaba de
mí, Anabela parecía estar de mejor humor, me contó de cómo le sugería, en cada sesión,
que hablara conmigo, y que ella respondía que me había hecho suficiente daño, y que lo
menos que merecía era respetar mi decisión de mantener las distancias el tiempo que
fuese necesario. No sé cómo lo logré, pero le ofrecí una sonrisa afectuosa a la mujer y
me fui a la tumba donde estaba justo en aquel momento. Mi madre me veía medio
esperando que comenzara a gritar y a patalear en cualquier momento.
Demasiado breve fue el momento en el que descendiste al hoyo donde elegiste
estar. Tal vez allí te sientas segura. Tal vez ahora puedas dejar de competir. Yo le sonrió
al lugar que visitaré el resto de mi vida, mi nuevo hogar y el tuyo, porque allí de bajo,
aunque descomponiéndose, está el cuerpo de la mujer que amé, tu cuerpo. Tu lapida
blanca descansa sobre el suelo de esta colina verde.
Anabela, dice con una frase cursi y trillada. Joven será tu recuerdo, cuán joven
eras el día que te marchaste. 1996-2012.
Y cuando llegue mi turno, y esté en el lecho de mi muerte, tu nombre estará
grabado en mis labios.
Mi Anabela….
Continuara...

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Diana. Queen since 1998. Leer es mi mente, la música es mi vida, Larry es mi religión. Vivo en Argentina y ahora me dedico a estudiar, escribir y leer. Amo leer, por eso hago reseñas de libros. También escribo, novelas, poemas, frases, textos... etc ¡Disfruten del blog! :D Contacto: diana_b_98@hotmail.com

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